De presunta competencia a perfectos aliados

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Vivimos tiempos de incertidumbre sobre el futuro de la letra impresa. La pantalla, en sus diferentes tamaños, calidades y formatos se ha convertido en nuestro principal proveedor de contenidos, tanto en el plano profesional o académico, como en el del ocio y entretenimiento. Esta tendencia masificada del consumo de información digital ha generado mucho debate sobre la vigencia de los libros tradicionales y de los materiales impresos. Que no cunda el pánico a este respecto.

Los recursos multimedia son tendencia e incluso existe a veces la percepción de que el simple texto como tal no comunica, no goza del poder de transmitir mensajes por sí mismo. Parece obsoleto y se entiende en ocasiones como un mero complemento de la ilustración, la fotografía, el gif, o el video que lo acompaña. El clásico refrán de “una imagen vale más que mil palabras” se ha potencializado a la máxima expresión en estaEra Digital. Sin embargo, la realidad es que la palabra escrita conserva y conservará su poder de comunicación por mucho adorno gráfico que la acompañe. Ya sobrevivió a una revolución industrial y lo hará de nuevo en esta Revolución Tecnológica.

La capacidad que tienen los libros impresos de legitimar y documentar la información supera por mucho esa “infoxicación”que nos llega de Internet donde la veracidad y el rigor si difuminan en ingentes cantidades de bits cuya vigencia y trascendencia suele ser al menos dudosa.  Quizá sea sólo sensación y percepción pero aún retenemos más lo que leemos en papel, le damos más importancia, nos lo creemos con más facilidad. El hecho de tocar el libro, pasar sus páginas, oler el papel o incluso doblar la esquina de la hoja en la que nos hemos quedado, nos cambia la predisposición de cómo atendemos lo que leemos.

Con esta idea no se pretende echar tierra el maravilloso mundo que existeen línea, un mundo que nos ha cambiado la vidaoffline, un sinfín de alternativas y oportunidades que entre otras cosas, contribuye a la democratización de la información y fomenta su libre acceso. Sería absurdo competir con esto y tratar de negar sus innumerables aspectos positivos. Esta reflexión solo pretende equilibrar la balanza y demostrar que el papel y la pantalla no deben concebirse como competidores. Todo lo contrario. Al igual que ha ocurrido con la música y las producciones cinematográficas, después de un periodo de pánico y negación, se concluyó que Internet y las plataformas digitales no eran sus enemigos, sino un medio perfecto con el que aliarse e incrementar de forma masiva su alcance y red de distribución.

La industria editorial no es diferente en este sentido. Los libros electrónicos son una alternativa, pero no son el fin de las publicaciones impresas. El papel seguirá siendo un formato válido, un tipo de continente que albergue toda clase de contenidos que, hoy gracias a la tecnología, pueden trascender y no limitarse a lo que vemos en tinta. Una imagen puede convertirse en un video, un elemento 3D o en cualquier recurso multimedia que emerge de la hoja a través de nuestros propios dispositivos electrónicos. Por medio de aplicaciones móviles podemos profundizar sobre la información impresa y convertir a esta publicación tradicional en un producto multicanal mucho más adaptado a las tendencias de consumo actuales. Se ofrece así una nueva forma de leer, de escribir y de comunicar.

El continuo y generalizado uso que hacemos de los smartphones y tabletas invita a pensar que éstos son el camino ideal para revalorizar el libro impreso y la literatura en general.  Son sobre todo las nuevas generaciones las que darán un fuerte impulso a esta alianza entre los dispositivos y las publicaciones impresas, abriendo además un panorama en donde la producción audiovisual tendrá un importante rol en el rubro editorial.

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